Corriente contra corriente

Los precios del suministro eléctrico poco a poco se asientan y el ministro Nadal pide “acostumbrarse” a las nuevas tarifas. Luego de unas semanas de auténtico vaivén y una verdadera avalancha mediática, al ministro aún le queda la decisión de Europa. El ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital necesita el visto bueno de la Comisión Europea. Si lo tendrá o no solo se sabrá a partir del día 17 de febrero.

Paisaje con fondo industrial y neblina
Paisaje parduzco con industrias

No somos viables

Hablando de energía, comencemos por lo básico. La realidad es dura pero inapelable: las organizaciones internacionales, empezando por la ONU, alertan de que no estamos dejando un rastro claramente positivo y perdurable para las generaciones venideras.

Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, plantea la importancia de defender energía sin alejarse del desarrollo sostenible. Lo hace en estos términos: “(…) supone una oportunidad excepcional: desde el punto de vista económico, para crear mercados y empleos; desde el punto de vista social, para integrar a los marginados; y desde el punto de vista político, para que todos los hombres y mujeres tengan voz y voto al decidir su propio futuro”.

El valor denominado como huella ecológica es, precisamente, el indicador designado para medir nuestro impacto ambiental. Se apoya en el desarrollo sostenible, es decir: en la defensa y cuidado de un ritmo de vida procurando velar por los intereses de los seres humanos del mañana.

Calcular el impacto ambiental nunca ha sido más sencillo. Múltiples son los sitios en la web donde obtener una estimación de la huella ecológica que genera cada hogar. Se trata de herramientas verdaderamente útiles, sobre todo teniendo en cuenta que los precios de “la luz” están alcanzando verdaderas cifras de récord.

El consumo de energía se ha disparado desde los 70. Las mejoras tecnológicas contribuyen a que los males no sean aún mayores. Aún así, una sociedad ya no de consumo, sino de apetito insaciable, no fue diseñada para que el crecimiento no fuera todo lo exponencialmente posible que se pudiera. Cada poco tiempo se crean nuevas necesidades para cubrir, para satisfacer. La fe está prácticamente depositada en la capacidad que tengan los científicos de hoy de adelantarse a los trendsetters de hoy y de mañana.

Apostar… pero no demasiado

Nadal no se moja. Los especialistas en energía aportan visiones divididas:

  • Los liberalizadores que concuerdan con la Comisión Europea y su informe. Su discurso parte de flexibilizar el mercado (si es que se le puede llamar así) para que pueda haber competencia.
  • Los que apuestan por las renovables o, cuando menos, son partidarios de no entorpecer su crecimiento.

Sea cual sea el caso, los teóricos tienen, al menos, un punto en común: dejando a un lado la decisión que se tomase en el Congreso, el siguiente movimiento debería pasar por cambiar las cartas con las que se juega la situación eléctrica del país. Las herramientas legislativas son adecuadas pero el modelo económico no cambia. No se adapta a la evolución natural de la sociedad.

Cualquiera que sea la decisión que tome el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital, debe estar orientada a satisfacer las necesidades del futuro. A preverlas, conocerlas si es posible y capear de la mejor manera posible los sobrecostes. Ninguna inversión de hoy será mejor que la de invertir en el mañana.

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